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LETRAS DE MADRID

La literatura puede ser una buena terapia
personal, una especie de psicoanálisis...
Max Frisch

Escritura en línea Introducción: Lenguaje, pensamiento y desarrollo

Letras de Madrid
La Asociación Letras de Madrid (LEMA) nació de la preocupación de algunos escritores y profesores de creación literaria por el desarrollo de programas de lectura y escritura para colectivos en peligro de marginación discursiva.
Constatando la falta de circulación de discursos producidos en el margen de la sociedad por individuos cuya condición, desde la reclusión penitenciaria hasta la enfermedad mental, vetaba el acceso a los ámbitos de encuentro narrativo, LEMA se propuso contribuir a la articulación y visibilidad de sus relatos. Con un taller literario como guía y pretexto, la Asociación LEMA, en colaboración con Escuela De Letras, ha dado forma a un proyecto que excede lo meramente lúdico-literario estableciéndose en el orden de lo terapéutico con el objetivo de lograr una mejor predisposición discursiva en sus participantes. Se entiende el discurso como la forma de comunicar y articular ideas, sentimientos o, en otros términos, la manifestación concreta (y profunda) de la expresión verbal.
En este sentido, LEMA brinda a través de la escritura (y la literatura en general), una herramienta útil para la integración social. El manejo del lenguaje con una mínima soltura es un requisito indispensable para el desarrollo normalizado de un individuo en la comunidad.

Nombrar es ser nombrado

El individuo, al enfrentarse a la narración del mundo, se encuentra a sí mismo en las imágenes que de él construye. Siguiendo una antigua tradición narrativa, J. Lacan afirma que “uno existe cuando dice y es escuchado”. Ese es el momento en el que el sujeto devuelve una imagen de sí mismo y de la realidad al mundo, construyendo con el acto propiamente dicho la realidad de la que es partícipe.
Cuando una idea recurrente, un pensamiento repentino o una simple ocurrencia se vuelcan en el papel, empieza un proceso de distanciamiento que permite al individuo verse reflejado en su creación verbal. Así, lo que era una abstracción sin forma definida se convierte en realidad textual y hace posible enfrentarse a la creación, modificarla, ver su significación ya fuera del soliloquio. Todo ello abre puertas para otras interpretaciones, lecturas ajenas, análisis, etc.
Es importante no olvidar que la teoría social atribuye al lenguaje la formación de la Realidad. Nombrar las cosas las convierte en cosas, les otorga entidad. El espacio literario, en este sentido, se configura como un mundo donde se pueden conciliar realidades antagónicas. La imaginación, motor de la creación, funciona como vehículo de acceso a una “figuración” donde se pueden conciliar y armonizar elementos que en la vida real se muestran contrarios o tensionados.

El terreno

La disposición a la lectura y la escritura resulta positiva, y hasta cierto punto fundamental, para la construcción de un canal expresivo. Es imposible hacer ningún acercamiento serio a las problemáticas planteadas por los grupos en riesgo de marginación (reclusos, enfermos mentales, inmigrantes, etc.), si no se abre un terreno discursivo donde sus reclamaciones tengan lugar y las ideas cobren forma. La confrontación del discurso personal con otros discursos en la “realidad compartida” debe actuar como reafirmación del proceso lingüístico.
Para generar este terreno de intercambio es necesario contar con las herramientas de escritura y de lectura que lo posibiliten. Son muchas las barreras, conscientes e inconscientes, que dificultan la plena expresión (plena en su necesidad). Las actividades de LEMA inciden sobre ciertos aspectos cardinales de este terreno de convivencia, trabajando en su interior fomentando la expresión escrita.
La escritura (literaria, confesional, etc.) se convierte, así, en documento, registro de este proceso. Y es por estas dos vertientes (contar con un registro y aplicar una “terapia”) por las que el proyecto resulta amplio en su materialización. Se pretende lograr que sea beneficioso para sus participantes, en tanto que actores absolutos del proyecto, a la vez que facilita la producción de unos textos concretos, legibles y entendibles fuera del grupo. Esta comunicación es fundamental para el taller, que aporta los instrumentos para su realización.
Si el objetivo es crear un proceso que permita comunicar las partes del conflicto social y discursivo (partes que constituyen, generalmente, un mismo estado de cosas), es necesario que se abra un canal donde se pueda producir el intercambio, dando lugar a un flujo que permita la restitución de la anomalía.
El desafío de generar un espacio para el discurso marginado (o que gravita en los límites de un centro confuso, perpetuamente desplazado), es grande y aparenta ser arduo, ya que el estado de anomia es, por definición, reticente a ser abordado. Los distintos problemas que plantean los conflictos se producen tanto en el plano de lo filológico, literario, pero también en el sociológico y ontológico, propiciando dudas de interpretación, de lectura, de recepción.

El trabajo

Por lo expuesto se considera necesario un trabajo que contemple la singularización, acotando el sujeto con el que se trabaja, definiéndolo en su realidad lingüística y expresiva. Sin esta recepción del fenómeno en su materialidad discursiva no se pueden comprender las necesidades y problemas de los distintos grupos. El compromiso es inevitable y debe atender estas cuestiones de máxima importancia:
- Definir un sujeto (o un colectivo social) con el que se trabaja es, en este proyecto, intentar salir del ámbito de los estereotipos y de los intereses políticos que los utilizan simbólicamente. Implica lograr un vínculo específico con el sujeto, prescindiendo de interpretaciones meramente nosológicas (cuyos mecanismos se apoyan generalmente en pre-juicios y valores muchas veces arcaicos). Es el análisis de situación el que puede revelar claves que contribuyan al progreso creativo. Los distintos corpus teóricos, tendencias y perspectivas que aportan material estimulante, muchas veces útil y acertado, no siempre completan un acercamiento práctico, in situ, al problema. La experiencia, en este sentido, es pendular, de fuertes altibajos.
- Ayudar a construir una forma en que se produzca la expresión verbal es el objetivo. Esta capacidad de palabra debe nacer de una autonomía intelectual y desde la libertad de pensamiento.
- La visión terapéutica de la escritura esbozada por E. Cioran (Conversaciones, Tusquets editores, Barcelona, 1996) resulta especialmente sugerente.
¿Por qué escribir? Para mí mismo. He notado que formular me sentaba bien. En el fondo, todo lo que he escrito lo he escrito por necesidad inmediata, quería librarme de un estado para mí intolerable. Por tanto, considero el acto de escribir como una terapéutica. Ese es el sentido profundo de todo lo que he escrito. Esto entiendo como función terapéutica: Si detestan a alguien, basta con que tomen un hoja de papel y escriban diez, veinte, treinta veces 'Fulano es un cabrón, Fulano es un cabrón...' Y al cabo de unos minutos, te sientes aliviado, detestas menos. Escribir es exactamente eso, es atenuar como una presión interior, debilitarla: por tanto, una terapéutica.
Es como en la vida, todo el mundo lo dice: el que habla, el que cuenta su pena, se libera. Y el tipo mudo, el tipo taciturno, es el que se destruye, el que se derrumba o comete un crimen tal vez. Pero hablar te libera. Escribir es lo mismo. Son cosas muy evidentes, pero yo las he experimentado.
Por ejemplo, a mí me ha obsesionado la muerte toda mi vida, pero haber hablado de ella ha hecho que... siga obsesionándome, pero menos. Son problemas que no podemos resolver: son obsesiones justificadas... no son obsesiones, son realidades inmensas... Yo he escrito sobre el suicidio, pero todas las veces he explicado: escribir sobre el suicidio es vencer el suicidio. Eso es muy importante.

La herramienta

De este planteamiento de la literatura como una posible herramienta terapéutica, de ejercitación reflexiva de las emociones, se parte para enfrentar el desafío de acercar la creación literaria a las personas y los colectivos marginados socialmente, o en riesgo de marginación discursiva. Las expectativas recaen en esta función redentora y liberadora de la literatura, con el convencimiento de que la proyección hacia mundos imaginarios, tiempos y personajes inventados, ayuda a sobrellevar vicisitudes, sin caer, necesariamente, en el escapismo trivial del mero entretenimiento.
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